La noche con sus encantos, lleva a que pensamientos, sentimientos y delirios varios, afloren.

Quien podría decirme que la tierna sonrisa de un pequeño niño podría contagiarme, dibujando una en mi rostro y borrando por momentos los problemas que incesantes parecieran no querer dejarme ver las grandes bellezas de la vida que vienen dadas en los pequeños frascos de lo simple y cotidiano. Es ahí cuando me detengo un minuto y miro alrededor, respiro profundo y sigo encontrando otras tantas cosas que a causa de mi ceguera por pensar, me estaba perdiendo. Paro, disfruto y reflexiono del por qué siempre uno permite que esas cosas pasen por nuestro lado invisibles a nuestra atención, aludiendo que estamos ocupados, y que ya habrá tiempo para hacer todo eso. Ahora bien, me pregunto, cuando será que no tendremos algún tema que nos deje ciegos de todo lo bello que nos perdemos, y si esas personas sabrán cuánto vivirán, que tienen certeza de que para eso todavía hay tiempo.




Sacudiendo la cabeza al compas de la música,
Con un trago en la mano para soportar el calor,
Con interrogantes que quedan abiertos
Y no puedo dormirme sin saber que sientes vos.
Tus comentarios lanzados al aire,
Como esperando y no, que los capte,
Con tus palabras que quieren y no ocultarse,
Que me dicen te quiero pero no me animo hoy a expresarme.
Un blues melancólico que me hace antojar de vos
Y tú y yo solos, sin más compañía que el deseo de amor,
No sé si por intriga a ir más hondo y conocer tu intención,
Pero esta noche juguemos a decirnos todo sin temor.

Para que la magia de los sueños se haga presente haciendo de ellos una realidad, requiere de 3 componentes esenciales:
*creer en nuestra capacidad de alcanzarlos,
*tenacidad y perseverancia en la lucha para concretarlos
Y por sobre todo
*de corazón verdaderamente desearlos.
Solo así en esta perfecta armonía se podrá pasar de Sueño a una Realidad que lo superará, siendo esto el motivador inicial para que todos empecemos a soñar más.

Cautivada a menudo por esa imagen,
de esos abrazos,
que saben añejos,
de pieles arrugadas que lucen joviales
cual frescas primaveras
tras crudos inviernos.
Avanzan a paso lento,
contemplando lo que a veces
nosotros perdemos,
y atraviesan las barreras del tiempo
al verse ancianos pero con un eterno
joven enamoramiento.
Las miradas cómplices
guardan cientos de recuerdos
y los silencios predicen
que ya todo se dijeron,
pues sus tintes cenizas
delatan que mucho vivieron.
Cada tanto las manos surcadas
buscándose mutuamente
se entrelazaban,
dando un Sí, aquí estoy compañero
y por siempre a tu lado
contigo, me quedo.
" El día que me prohiban pensar,
el día que me prohiban soñar,
el día que me prohiban amar,
ese día me han de matar"